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Sepia

Las olas que crecen en la noche

Texto: Felipe Saldaño Valladares

Fotografías: René de la Cruz

MUA: Paty Murua

Conocimos a Francisca Straube en los albores de esta década mientras estaba a cargo de los platillos en Fármacos y luego al frente de Miss Garrison, una banda con la que ya grabó tres álbumes y giró por México y Europa. Estos días termina de promocionar la última entrega de una serie de discos bajo el mote de Rubio. El proyecto de música pop con tintes electrónicos y vocación internacional con el que se mueve al interior de una industria y alrededor de un público que cambia día a día, como ella misma.

Fue su presentación en la más reciente versión de Lollapalooza, la culminación del trabajo que Francisca vino desarrollando desde marzo de 2017. Durante todo ese año estuvo componiendo, tocando y promocionando cinco epés (EP), discos compuestos de dos canciones, un single y una cara B. El método escogido para publicar su música se parece mucho a la estrategia de distribución que tuvo su gloria en los 50 y 60’s cuando los que mandaban eran los rankings y las radios, muy lejos de los robots y algoritmos de las plataformas actuales. “Hoy en día la gente escucha LA canción que sale porque te la ponen en playlists o en distintas cosas. Muchos artistas de hip hop, trap y electrónica han adoptado esa forma de trabajar, es algo bueno porque te mantienes activo todo el año y vas componiendo y lanzando canciones de acuerdo a lo que va pasando en tu interior. En ese sentido la colección de epés ha sido como mi diario de vida porque cada canción tiene su propio mundo y cada EP es distinto del anterior”, relata Francisca.

Bautizados con cada letra de la palabra rubio (“R”, “U”, “B”, “I” y “O”) compilan canciones poliédricas, sexys y misteriosas que su plataforma musical favorita no tardará en asociar con Fever Ray, Massive Attack o Entre Ríos. Escuchados de un tirón, los epés se despliegan en un variopinto crisol sonoro que se hará carne este invierno en un disco de vinilo con dos canciones extra, adelanta. “Me siento un poco con la responsabilidad de decir algo, de hacerme cargo de los mensajes que tengo para dar y agradecida porque puedo hacerlo en canciones. Hacer los epés me permitió estar activa todo el año, estar sacando material, interactuando con la gente, creando un concepto en cada entrega y que  todas se unieran al final”, evalúa.

En cualquier caso, Francisca toma con pinzas la idea de convertirse en alguien especial por hacer música. “Me cuesta creer en los roles o en las jerarquías, no creo que un artista sea mejor que otro por ser más reconocido, así que me doy el tiempo de responder mensajes y dar feedback a la gente que oye mi música y las bandas que me mandan sus canciones para que las escuche. La verdad es que aunque sea Rihanna (risas) jamás voy a dejar de ser así porque he sido muy hormiguita y puedo entender a los que están empezando. Hay que salirse de los egos y colaborar, estamos en la era de la cooperación”, dice Francisca.

Según cuenta, en Rubio partió como mujer orquesta, pero a medida que empezó a publicar canciones la música se hizo cada vez más compleja y tuvo que formar la banda. “No tengo problemas con eso, me gusta confiar en el talento del otro y hacer una sinergia creativa. Es una cuestión que dota a Rubio de una profundidad especial y sentir esa conexión cuando estás tocando en vivo es impagable”, finalizó.