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Apoyo a la creación y el arte en crisis: una fragilidad latente

Por Consuelo Laclaustra @concolaclaustra, Directora de Comunicaciones Centro Nave http://nave.io/

La pandemia que comenzó a principios de marzo, localmente y como en otros países de Latinoamérica, ha evidenciado una serie de fracturas a nivel social que en la práctica han demostrado ser problemas latentes que se arrastran desde hace décadas.

El sector cultural y las economías creativas no están exentas de estas malas prácticas y pobres políticas públicas en torno a ellas, y pese a que estas se han ido re-pensando a través de las distintas plataformas digitales, la precarización que se vivencia dentro de las artes han tenido un alto impacto para gestores, agentes y artistas.

Fotografía: Fernanda Ruiz.

Desde la generación “fondos de emergencia” (que llegaron casi un mes más tarde los resultados en el caso de instituciones culturales) y el recorte presupuestario millonario a principios de la crisis sanitaria, la toma de decisiones a nivel estatal tan solo ha alimentado las incertidumbres y fragilidades que ya se mostraban dentro de las economías creativas.

Esto ha evolucionado a tal punto que las mesas gremiales rompieron conversaciones con el Ministerio de las Culturas y hasta están pidiendo la renuncia de la ministra Consuelo Valdés.

Uno de los principales problemas de esta crisis en la cultura es la misma complejidad del concepto, donde cultura de acuerdo a la UNESCO tiene que ver con “rasgos comunes que nos identifican” o en su tiempo, una línea “educativa” dentro de los alineamientos de un gobierno.

Sin embargo, hoy vivimos ante la dicotomía en que el arte debe ser un espacio de libre acceso, -donde todos podamos acceder a ella de manera gratuita-, pero al mismo tiempo levantarlo como “una industria”. Esto en sí es un sistema muy frágil, dado que obliga al artista y a los espacios de apoyo y difusión de las artes a entrar en un mercado para levantar recursos, pero exigiendo de la misma manera que el artista “trabaje y genere” contenidos gratuitos para la sociedad.

En tiempos donde existen “visitas online” en los museos y que las plataformas virtuales (como Zoom) generan nuevos productos para audiencias a través de la exhibición, la crisis en torno a lo que se entiende como cultura está en un conflicto aún mayor. La cultura no es espectáculo o entretención, sino más bien un espacio de conocimiento que no puede sustentarse solamente por la venta de entradas, si consideramos que el acceso a esta es un derecho universal.

Al pretender que un fondo de emergencia (recursos que se trasladaron de los ventanillas abiertas dado que ya no habrá internacionalización ni movilidad de trabajos artísticos) puede tapar problemas que tienen que ver con la informalidad del trabajo artístico, la falta de sustento para un inmueble o el no poder generar programaciones pensadas más allá de lo anual, sobre todo en un momento en que el consumo no garantiza estabilidad, se rompe con el principio básico sobre la sustentabilidad de las artes.

No se puede esperar que recursos “temporales” impacten al largo plazo, ni que estos enfocados en la mera exhibición y producción mantengan a flote uno de los pilares de la sociedad. El gran conflicto que se vive en la actualidad es un problema que se ha visto en el pasado sobre el apoyo a la creación misma, como el núcleo del trabajo artístico.

Sin la comprensión por parte de un Estado o la aplicación de políticas públicas culturales que se sostengan en el tiempo quienes sufrirán durante y posterior a esta crisis serán primero los artistas y segundo, las instituciones y espacios que sí apuestan por el apoyo a la creación, desde sus primeras fases. Si el artista se encuentra amarrado a las funciones y presentaciones que tienen público, entonces se pasa por alto el esfuerzo que realizan ellos juntos a sus equipos y el trabajo que conlleva llegar a dichos productos.

Tomémoslo de la siguiente manera: tú eres un empleado en una empresa, te solicitan que hagas reportes, levantes información, saques notas y cálculos para implementarlo en un nuevo proyecto, pero tu empleador decide que no te pagará el trabajo realizado ya que lo que le interesa es la activación final y el alcance de este. Entonces los últimos meses que dedicaste al trabajo realizado no son remunerados ya que no presentan acciones “tangibles”.

No solo la ciudadanía pasa hambre, los artistas, que por lo demás son parte de esta sociedad, también están en la incertidumbre sobre cómo continuarán en los próximos meses ante las soluciones temporales por parte del gobierno que tan solo tapan el sol con un dedo.

El capital del talento puede ser un valor agregado capaz de exponencializarse en el tiempo.  No podemos establecer una sociedad donde los recursos vayan directamente a la producción ya que esta es la fase final de cualquier trabajo artístico. En medio de esta crisis es clave re-pensar las lógicas dentro de las economías creativas y apuntar a políticas públicas culturales que se sostengan en el largo plazo y que apoyen a los centros y espacios que apuesten a la creación como una base para generar un sector sustentable.

Estos no son tiempos para medidas parche que en el largo plazo tan sólo agravarán la precaria situación que vivimos a nivel local, y que eventualmente costará más que realizar una inversión que apueste por el sector, es momento de pensar y en conjunto de qué manera podremos sopesar esta crisis con miras hacia el futuro.