Las regiones no son una sala de espera
- Rodrigo Calderón (La Noche y Tú) y Matías Rojas (Teatro Niebla) cuentan, cómo se construye una escena teatral propia, sin mirar a Santiago como meta ni esconder lo que cuesta sostenerla.
Hay un lugar común que insiste en repetirse cada vez que se habla de teatro fuera de Santiago: la región como punto de partida, la capital como destino. Las dos conversaciones que dieron origen a este reportaje, con Rodrigo Calderón, director de La Noche y Tú, y con Matías Rojas, gestor y productor de Teatro Niebla, desmontan esa idea desde dos lugares distintos, pero con una misma convicción de fondo.
Rojas lo resume como principio fundacional de su compañía: «la descentralización de la cultura y el arte significa que lo que se crea a nivel artístico en las regiones, en nuestro caso en Maule, debe circular a nivel nacional y sobre todo en el centro», dice, en contraste con la idea «bastante paternalista» de que descentralizar es llevar una compañía de Santiago a presentarse a regiones.
La Noche y Tú: quedarse por cansancio de otra vida
La Noche y Tú nació en Talca en 2017, cuando había «dos o tres, tres o cuatro» compañías de teatro en la ciudad, cuenta Rodrigo Calderón. Hoy hay aproximadamente siete. Sobre qué los llevó a quedarse, su respuesta no es una tesis sobre la región, sino algo más simple: «primero la vida misma, yo creo, como que todos estábamos un poco cansados tanto de Santiago como del estilo de vida quizás que se llevaba en otro lado».
De ahí nació también CasaLab, su espacio de investigación escénica: «nos gustaría que viniera mucha gente también a investigar», explica Calderón, quien lo describe como un intento de generar «un espacio genuino de creación […] no tan institucionalizado y dependiente de fondos».
La libertad creativa no viene gratis: hay que pelearla
Calderón desarma un supuesto habitual: que en región hay, por defecto, más libertad creativa. «Pienso que Talca sigue siendo un lugar súper conservador», dice, apuntando a los teatros institucionalizados de la región.
«Hay espacios que no te dejan hablar de temas concretos, así como del aborto, o de cosas sexuales, o cosas contra la iglesia. Ponte Tú te lo dice explícitamente: eso no se puede abordar dentro de tu espectáculo.»
La respuesta de la compañía no fue pedir permiso, sino buscar otro espacio. Su obra homónima ocurría directamente en un bar: «mostrando lo más negro del humano […] no te lo va a permitir cualquier espacio», cuenta Calderón.
Una estética de la ruina, no de lo bonito
Calderón describe su estética como «bien urbana, bien disidente […] vinculada más con el espacio de la utopía, con gente de la calle […] una estética que tiene harto que ver con la ruina». Y esa ruina es literal: «desde que nosotros llegamos todavía existe como un lugar bastante abandonado o ruinoso en Talca, que tiene que ver con el rollo del terremoto».
Hoy la compañía cumple nueve o diez años, algo poco común en un medio donde «actualmente todas las compañías se mueren rápido». Calderón lo resume así: «el teatro es una propia necesidad, el teatro es un espacio para generar utopías, y eso es lo bonito del teatro».
Teatro Niebla: hacer que la región llegue al centro
Teatro Niebla nació en 2020, de la mano de Matías Rojas (gestor, productor y diseñador escénico) y su pareja, el dramaturgo y director Daniel Acuña. Han tenido tres temporadas en el Teatro Nacional Chileno y hoy Un cuento chileno circula por distintas ciudades del país. En una sala regional con capacidad para 1.200 butacas, cuenta Rojas, han llegado a llenar entre 600 y 800: «algo que quizás no se veía hace más de cinco años atrás».
Redes de sobrevivencia: focos, humo y elenco compartido
Sobre la relación con La Noche y Tú, Rojas no habla de alianza simbólica sino de necesidad de oficio: «nosotros es muy como circo: una función o dos funciones en una ciudad, Curicó, después te muvess a Talca», mientras en Santiago una escenografía puede quedar montada un mes entero.
«Compartimos elenco con la noche y tú […] pero tú los ves y son obras distintas», explica Rojas. Ambas compañías incluso se presentaron en semanas consecutivas en el Teatro Regional del Maule, cada una con su público.
«´Oye, necesito focos, vamos a tener una performance en la calle, los chiquillos de La Noche y Tú ya tienen esto, tienen máquinas de humo.´ Algo tan simple, ¿cachai?»
Sobre si Santiago sigue siendo necesario, Rojas es categórico: «Sí. Creer lo contrario es pecar de inocente», dice, porque en la región del Maule «no hay críticos teatrales», y presentarse en Santiago sigue pesando al postular a fondos culturales.
El territorio como fuerza dramática, no como postal
Rojas y Acuña son, cuenta Rojas, ambos abogados: Acuña ejerce en causas de vulneración de derechos de la infancia, y esa experiencia atraviesa Un cuento chileno, sobre abusos ocultos «en sectores culturales más aislados, como es el campo chileno». Otra de sus obras, Obcecación, está basada en un crimen pasional homosexual real ocurrido en Colbún en 2002, que la prensa de la época «tomó como una burla».
Esa exposición no ha sido gratuita: Niebla ha enfrentado resistencia institucional solo en la región, nunca en otros lugares. «Hemos tenido que ser muy rupturistas […] si eso significa que hemos tenido que amenazar con acciones legales, lo hemos hecho», dice Rojas, quien atribuye esa capacidad a su propio oficio de abogado: «si nosotros […] no fuésemos abogados, no tuviéramos tan claro cuáles son nuestros discursos políticos, quizás la realidad sería otra».
Rojas rechaza además la idea de que el teatro deba entregar una lectura moral cerrada: «te invita a un viaje de esas emociones […] y que tú no pongas al artista como responsable de cómo esa persona maneja lo que vio».
Niebla como estética: pocos recursos, mucha niebla
Como diseñador de la compañía, Rojas describe su sello visual como algo nacido de la restricción: «la utilización óptima del espacio escénico, con pocos recursos […] tienen que caer todas en una camioneta, no podés darte el lujo de un camión tres cuartos».
«Siempre utilizamos humo, ocupamos haze, que es la niebla, y nuestras obras todas tienen eso […] nos gusta poner esa identidad que es muy del territorio.»
Ese recurso funciona casi como firma de autor: «a veces es como el chiste: entras al teatro y está lleno de niebla, y es como, ah, una obra de Niebla».
Una red que ya existe, no una promesa
Ninguno de los dos habla de la relación entre compañías como una aspiración abstracta: la describen como algo que usan cada semana. Rojas detalla la mecánica (instrumentos que se prestan, elenco que circula sin borrar lo que distingue a cada una) es, en los hechos, la misma escena de la que habla Calderón cuando dice que en Talca «se ha ido dando de manera mucho más limpia» que en Santiago, sin tanto peso del ego.
Dos formas de incomodar
Ni Calderón ni Rojas hacen teatro para que el público la pase bien. Calderón lo hace desde la ruina y lo nocturno; Rojas, desde el horror y lo fantástico, convirtiendo violencias que la región prefiere no nombrar en experiencia escénica. Ninguno reclama para sí el rol de educador ni de juez.
Consolidar, no escapar
Ni Calderón ni Rojas hablan de Santiago como meta final. Ambos reconocen que sigue pesando (para la difusión, la crítica, los fondos) pero ninguno construye su proyecto en función de llegar ahí. El futuro que describen no es una fuga hacia el centro, sino la profundización de una escena que ya está en marcha: autogestionada, incómoda a propósito, y sostenida por redes que son la forma que ha encontrado el territorio para hacerse cargo de sí mismo.



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