Revista Minga - Edición Nº7 - Mayo 2018

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Últimos días: No te quedes sin visitar la expo “Este puede ser el lugar”

El arte a la inminente transformación de los espacios

Texto por Catarina Von Bora

Fotografías por Rayen Palacios

 

 

Acorde con un documento aportado por el Instituto Nacional de Estadísticas, INE, que resume los permisos de edificación otorgados por año en nuestro país desde 1991 a mayo de 2018, la cantidad de metros cuadrados autorizados ha aumentado considerablemente. Si a principios de los noventa la cifra bordeaba los 695.000 m2, hoy los números alcanzan más del doble con aproximadamente 1.630.000 m2.

Puede que este panorama sea una respuesta lógica al crecimiento de la población.  La necesidad habitacional es un tema país, más aún en grandes centros urbanos, donde la densidad habitacional llega a ser absurda. Lo que no es un resultado lógico es la falta de planificación urbana. Tarea pendiente de los diferentes gobiernos, que permita el ordenamiento efectivo de las ciudades.

Hoy las grúas en las zonas de mayor densidad urbana están a la orden del día, y el negocio inmobiliario no da tregua.

Ante estos y muchos otros factores que hoy dan forma a esta realidad, se hace imperante poner freno a la maquina y proponer instancias de ocio y cultura en un rubro que generalmente otorga pocos espacios para el arte.

 

 

Carmen 36: Este puede ser el lugar 

Buscando dar soluciones, la creatividad y el arte se abren paso. Surge entonces el concepto de recuperación/reactivación.

Paulina Urzúa, es propietaria junto a su familia de un edificio semi-abandonado, ubicado en calle Carmen 36, Santiago, que fue construido en los años 40. El destino de este inmueble, que cuenta con ocho pisos de altura se definirá a través de un proyecto que busca transformar el lugar en un hotel-boutique.

Antes de esto, Urzúa y su familia tuvieron el interés de hacer una última revisión a la arquitectura original del recinto, antes de comenzar los trabajos de remodelación, para lo cual se contactaron con el Taller El León (Barrio Italia) y extendieron el llamado a intervenir el edificio.

Por su parte, los integrantes de este taller invitaron a otros tantos artistas para que hicieran sus propuestas. El resultado: la muestra titulada ‘Este puede ser el lugar’ a cargo de Laura Ameba, Virginia Acosta, Gaspar Álvarez, Claudia Bitrán, Cristóbal Cea, Isidora Correa, José Pedro Godoy, Juana Gómez, Rocío Guerrero, María Karantzi, Alexandra Mabes, Matthew Neary, Camila Pino Gay, Rosario Perriello, Juan José Richards, Marcos Sánchez, Catalina Schliebener, Javier Toro Blum, Esteban Vargas y Maite Zubizarreta.

Rosario Perriello comenta que ‘la idea es intervenir para darle vida a la construcción y recuperarla´ contrario a la lógica de mercado que derribaría una estructura como esta para construir un edificio de más de 30 pisos y sacar mayores réditos.

Así, cada uno de los artistas se trasladó e instaló sus obras en la construcción que puede ser recorrida libremente, transitando por los 8 departamentos deshabitados en donde se despliega la muestra. Solo algunas de las habitaciones han sido intervenidas, dejando en evidencia el paso del tiempo y su historia.

 

 

Los primeros re-habitantes

El carácter de la muestra es variado y en la inauguración destacaron las intervenciones de Juana Gómez que a través de un performance logró la instalación de su obra ‘Qapuña’ que incluyó la utilización de 24 husos, vellón hilado a mano y la tierra como elementos de reconexión con las raíces.

Según explica Gómez: “Partí trabajando con bordados y textil mirando hacia las raíces, así y luego de una muestra en Londres me pregunté ¿por qué no meterse más de lleno en esto?” De esta forma, el trabajo de investigación se centró en la historia familiar donde la herencia textil se traspasó de abuela a madre y de madre a hija.

 

Su performance en particular consistió en formar un espacio lleno de tierra al interior de una de las habitaciones, donde la artista hilaba el textil, que a su vez estaba tensado desde una chacana (que indicaba el norte, coincidente con la ventana del lugar). Así el cielo y la tierra eran testigo de la danza que Juana llevaba a cabo en el centro. Realmente una atmósfera que completaba la obra.

Por su parte, “La ley del tesoro”, de Gaspar Álvarez recibía a los asistentes dando muestra de una de las técnicas de recuperación más destacables de la cultura japonesa: El kintsugi o en español ‘carpintería del oro’.

 

 

La técnica, busca resignificar la rotura de los objetos, ya que estos guardan una historia que no se debe desmerecer. Para ello y cuando las vasijas de cerámica se quebraban se usaba oro con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino para repararlas.

Lo mismo quiso plasmar Álvarez en su obra. Así se explica el color dorado que rellenaba los pedazos dañados de la habitación que usó para tal fin.

Su obra cerraba con el poema de Gabriela Mistral del mismo nombre de la obra.

En tanto, Rosario Perriello, sobre su obra en base a los desastres naturales explica: “Yo estaba trabajando hace rato con los desastres naturales, porque es un tema. Es decir, al hacer una búsqueda rápida en google  por lo menos encuentras dos permanentemente”. “Jugué con el monocromo que da la greda, que es la misma imagen que queda luego de un aluvión. Hice una mixtura entre aluvión y tornado a escala de niños”.

Según detalla Perriello el interés estético aborda cómo cambia el paisaje de un lugar radicalmente al verse afectado por un desastre natural.

También destaca la obra de Rocío Guerrero, quien de forma muy perceptiva y en conexión con espacio realizó un ejercicio de recolección doméstica.

La artista clasificó quince años de historia a través del polvo que logró recuperar de la limpieza que hizo del lugar.

 

 

‘Fue muy revelador. Habla de todo el pasado, la actividad que hubo aquí. La obra es un momento intermedio entro lo que pasó y lo que va a pasar”, explica Guerrero.

De esta forma, se pueden ver pequeños frascos con pelos, plumas, insectos, pelusas y textiles que se encontraban en el polvo del lugar, todos ellos congregados alrededor de una cuerda que por medio de un círculo protegía esta suerte de disposición ritualista que finalmente era enmarcada con una línea negra en las paredes que fijaba el horizonte usando el principio de correspondencia del ‘arriba’ y el ‘abajo’.

Sin duda, estos y todos los otros trabajos en sinergia logran el propósito de esta muestra que se mantendrá activa hasta el 4 de agosto y que nos hace reflexionar, sin duda, acerca de la re-utilidad que le damos a los objetos y espacios, sin ser el desecho la primera opción. Es de esperar que lo nuevo se encuentre en sintonía con el lugar, su barrio y además conserve los aspectos destacables de lo que fue esta gran estructura habitacional.