EL FUTURO ES BIOMATERIAL
Texto Valentina Lazcano Retamal
A veces estamos tan inmersos en nuestro mundo interior que olvidamos apreciar y aprender de nuestro entorno. Todo lo que utilizamos a diario está diseñado para ofrecernos una experiencia más cómoda y fácil. Así, la tecnología se convierte en una pieza clave que nos brinda infinitas opciones para investigar, experimentar y divulgar nuevas formas de innovar, permitiendo explorar la riqueza natural de nuestro ambiente para construir, de manera consciente, un mundo que avanza hacia la sustentabilidad.
Estos avances tienen su base en materiales que provienen de orígenes naturales: los biomateriales. A través del constante estudio y pruebas, se logran utilizar estos recursos para generar propuestas que transforman aquello que siempre estuvo ahí, siendo éstos capaces de transmutar en productos innovadores, artísticos y educativos, entre otros.
Gracias a esta idea es que surgen diversos proyectos que permiten explorar las propiedades de los materiales, los cuales son modelados de manera rigurosa para así adaptarse a las necesidades del presente. Asimismo, promueven el desarrollo local y se involucran en la construcción de una identidad propia desde el territorio. No solo representan una oportunidad de innovación, sino también una invitación a repensar cómo interactuamos con nuestro entorno, construyendo un futuro que respete y valore los recursos que nos ofrece la naturaleza.

Micromateriales vivos: Taller Percán
Taller Percán es un espacio de experimentación, investigación y aplicación de materiales vivos, oriundo de la región del Biobío. De la mano de la artista visual Constanza Schmidlin y el comunicador audiovisual Pedro Pinto, nace como producto de su amor por el mundo fungi: una pasión que cultivan desde hace años, donde ambos convergen y combinan sus conocimientos.
Basan su trabajo en conocer a los organismos a través del estudio biológico de hongos, bacterias, plantas y otros, observando cómo estos se desarrollan, bajo qué condiciones responden y la relación comunicacional que desarrollan con estos materiales vivos. “Le damos mucha importancia al material, a la inteligencia de ese organismo que lo genera, que logra transformar toda su biología en algo que nosotros podríamos ocupar, pero no solo nosotros, sino que otros seres igual», comenta Constanza.
Han trabajado el uso de materiales vivos en proyectos artísticos, como en “Membrana”, una propuesta de danza contemporánea presentada en el GAM, donde se creó una especie de manta de celulosa bacteriana. También se cultivaron tazas de micelio, textiles que derivan en pieles y texturas que la misma naturaleza de los hongos les ha podido revelar. Forman parte del grupo Biopolimérica, el encuentro de biofabricadores latinoamericanos. Participan en exposiciones, ferias e incluso realizan clases para divulgar sobre este interesante universo.

Kala: Chalkotex
El nombre Kala proviene de kalampoki, maíz en griego, que nace como un proyecto a base de residuos orgánicos desarrollado por la empresa científica tecnológica Chalkotex, donde buscan desarrollar productos biomateriales a partir de desechos agrícolas.
La contaminación textil y las problemáticas con las pieles sintéticas llevaron a Nicolás Salinas, Ingeniero Civil en Minas y fundador de la empresa, a descubrir un camino hacia la experimentación con cueros veganos. Lo que le permitió conocer la materia prima esencial para este proyecto, los residuos de maíz, debido a su gran volumen y producción mundial. “Un material polifuncional, versátil y compostable que permite desarrollar un material para aplicaciones de accesorios, bolsos, calzado e incluso vestuario”, explica.
A través de distintas pruebas desarrollan el material, comenzando por un proceso mecánico de residuos agrícolas, donde se limpia y estandariza para posteriormente mezclar con biopolímeros, obteniendo así el producto final.
El proyecto aún se encuentra en fase de experimentación, por lo que aún no se ha abierto al mercado, pero se presume que su lanzamiento será el este año. Apoyados por FIA, CORFO y FCUC, también se encuentran tramitando permisos para construir y operar su primera planta piloto.
Onyon: Maicalab
De las abundancias de las tierras del Maule germina una propuesta como Onyon, un biomaterial producido a base de residuos de cáscara de cebolla qué busca posicionarse como una alternativa al packaging de alimentos. Un proyecto reciente del diseñador de productos Alejandro Olea.
El territorio es caracterizado como uno de los mayores productores de hortalizas, un espacio óptimo para el desarrollo de actividades ligadas a la agricultura. A través del estudio, exploración e investigación junto a los estudiantes de la escuela de diseño de la Universidad de Talca, lograron repensar la utilidad de la riqueza de este recurso. “Se producen grandes cantidades de cáscaras de cebolla, por ende hay procesos de selección y de limpieza, así vamos utilizando ese residuo, dándole una nueva vida”.
Este proyecto está apoyado por Corfo y tendrá su pronta materialización en MaicaLab, ubicado en el Parque agroecológico Putagán. Allí se instalará un laboratorio de procesamiento de residuos orgánicos donde, según indica Alejandro, se espera seguir generando iniciativas que se hagan cargo de los materiales orgánicos producidos en el Maule.




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