Motomami: El disco que todos aman odiar

Cuatro años pasaron desde su última placa de larga duración y las expectativas que se levantaron han hecho eco por medio de la redes sociales. El paso de Motomami ha generado tanto ruido, que es casi imposible que alguien no tenga una fuerte opinión de cómo se siente respecto a la dirección musical que ha tomado Rosalía.

La irrupción de la artista española en la escena global, de la mano de su segundo disco El Mal Querer, fue una de las más grandes revelaciones del año 2018. La mezcla de referencias a la música de raíz tradicional combinada con sonidos callejeros y elementos electrónicos lograron una aprobación colectiva, catalogando el disco como una obra consistente con sus títulos de escritora y compositora.

Concebida y entregada esta obra conceptual, que no está demás decir que se hizo como proyecto de grado de sus estudios de flamenco en la Escuela Superior de Música de Barcelona, la naturaleza despreocupada de la cantante se comenzó a materializar el 2019, con canciones dirigidas a las listas de música urbana que incluyen colaboraciones junto a personajes tan diversos como Daddy Yankee, Travis Scott y Ozuna.

¿Por qué ruta seguir?, probablemente es la pregunta que se hizo antes de redactar un índice de los conceptos que iban a darle sentido a este álbum. Tomando el minimalismo de su disco anterior pero dejando de lado la excesiva solemnidad que requería hablar sobre abandono y abuso, incorporando géneros latinos como el reggaetón, la bachata y el bolero, pero con una perspectiva futurista de club deconstruido, elaboró una mezcla difícil de catalogar y que ha incomodado a los fanáticos de su obra pasada y al público masivo de sus hits más radiales por igual.

Dentro de este experimento de contrastes en la producción musical, hay un dembow con el acompañamiento vocal de Tokischa que incorpora palmas flamencas en “LA COMBI VERSACE”, junto a una balada romántica con una melodía clásica y nostálgica pero acompañada de una letra hipersexual y unas cajas de perreo cortadas como si fueran unas metralletas para “HENTAI”, con no otro que Pharrell Williams en los créditos de escritura. Otro nombre interesante dentro de las notas del disco es el de Tayhana, la DJ y productora argentina radicada en CDMX quién entregó el beat sobre el que estructura la esquizofrénica “CUUUUuuuuuute”.

Una de las canciones que mejor resume el disco es “SAOKO”, donde las baterías y los filtros agresivos, son los complementos de las voces crudas, que por ocupar un lugar más de instrumentación que de escritura, presentan letras que a veces parecen sonar incoherentes. El número de referencias musicales y culturales, es tal, que confunden a los que esperaban un disco con un concepto mucho más claro. Quizás tiene que ver el que sus discos anteriores representaban un personaje ficticio y que ahora sale la verdadera Rosalía, alguien con muchas contradicciones y contrastes.

Más allá de los análisis que uno pueda plantear o de los gustos personales, lo más probable es que este disco siente las bases a una fundación más sólida de fanáticos, un grupo intersección entre los que la descubrieron con sus discos anteriores y los que la descubrieron sonando en la radio de la mano de los artistas latinos del momento. Y es que, a pesar de todas las críticas que levantaron los primeros singles del álbum, una vez entendida el concepto en su conjunto, lo ames o lo odies, ha logrado posicionarse como uno de los discos fuertes de este año.

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