KYŌSEI: Una nueva vida y significado de la moda

Al vincular el diseño de vestuario con la sostenibilidad, esta marca ha sensibilizado a sus clientes que valoran cómo cuida y respeta el medio ambiente, transformando prendas olvidadas, descartadas o que tienen valor sentimental para integrar un look inédito y con sentido.

Por Andrea León P.
Imágenes gentileza de KYŌSEI

Cuando Belén Sabaté entró estudiar Diseño Integral en la Universidad Católica, sintió que podía expresar su ser creativo de manera muy potente a través del vestuario. Si bien ya tenía un acercamiento al bordado, crochet y telar, cuando conoció el suprareciclaje se dio cuenta de que era el futuro. Ya no tenía sentido comprar telas cuando existía tanta disponible, de manera casi gratuita y sin uso. A esta revelación se sumó un factor fundamental que definió aún más su rumbo: heredó ropa de su abuela que personalizó con el fin de seguir vistiendo algo de ella. “La calidad de la indumentaria antigua es muy buena: paños de lana que se mantienen intactos, buenos algodones, bonitos linos”, cuenta.

Cuando llegó el momento de titularse, consolidó todos sus intereses relacionados con el mundo textil para presentar su proyecto final. Así, el 2019 nació KYŌSEI (simbiosis en japonés) que representa la colaboración entre diferentes estructuras que generan otra. Muy lejos de la postura del fast fashion, su propósito es resignificar productos que normalmente se desechan con el menor gasto energético posible, aportando un valor superior. Otorgar esta segunda chance es una práctica sostenible, ya que alarga la vida de los materiales, reduce el consumo de productos industriales y no se utiliza agua ni maquinarias, protegiendo el medio ambiente.

Transmitir arte

La marca funciona sobre base del suprareciclaje, generando modelos estandarizados replicables. La silueta elegida pertenece a la indumentaria japonesa de uso cotidiano, que se caracteriza por cortes rectos, líneas perpendiculares y sencillas.  La emprendedora diseña y confecciona estas prendas únicas de ediciones limitadas. Su método es complejo, no emplea patronaje, sino que interviene el material directamente. Hace y deshace, desestructura, descose, arma el maniquí y prueba hasta llegar a la estética y el arte que quiere transmitir. Luego consulta su catálogo técnico para elaborar kimonos, boleros, abrigos y chaquetas reversibles, faldas, poleras, enteritos, shorts y pantalones.

Sus insumos provienen de diversas fuentes: ropa descartada, donaciones de telas o fardos de ciertas tipologías (como blazers) que adquiere a través de otros emprendedores. Parte de esta materia prima contiene huellas o evidencias de su vida pasada, como áreas descocidas, presillas, bolsillos, zurcidos, parches y pliegues que enriquecen el relato y el resultado final. Además, Sabaté aprovecha la mayor cantidad de tejido de la pieza original.  También surgen solicitudes de compradores que quieren integrar vestuario significativo a la propuesta, como el caso de una clienta que proporcionó una camisa de su padre que se convirtió en un hermoso kimono. Es ahí donde radica la satisfacción de esta autora.

Al hablar de referentes en recuperación textil, la diseñadora menciona a Juana Díaz, Francisca Gajardo y 12narecicla. Uno de los desafíos que plantea para este sector es establecer una red que dé a conocer el suprareciclaje, ya que mucha gente que no está familiarizada con esta técnica considera que los productos no están bien acabados o no poseen durabilidad. “Creo que hay que darle el espacio al upcycling para educar, orientar, mostrar.  Hay tantas formas de trabajar de manera profesional y a escala humana. A veces necesitamos ropa y tenemos elementos a mano, pero como no sabemos ocuparlos decidimos comprar cosas nuevas”, opina.

Pensando en el 2023, el anhelo de Belén Sabaté es instalarse en un taller más amplio, ofrecer empleo con un salario justo, participar en un desfile con otros creativos, realizar un registro fotográfico de sus piezas icónicas, participar en ferias e integrar una plataforma de diseño de autor sustentable.

Mientras, en el rincón olvidado de un closet, en una maleta o colgada en un gancho que nadie ve, hay una prenda que espera que se escriba el siguiente capítulo de su historia.

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